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“A través del amor y el perdón se les enseña a seguir caminando”

“A través del amor y el perdón se les enseña a seguir caminando”

La Fundación Lázaro funciona en Paraná con el objetivo de contener a jóvenes en situación de calle que sufren problemas de adicciones. Fomentan la superación personal a través del trabajo en grupo y la construcción de un proyecto personal que les permita salir adelante.

La problemática de las adicciones ocupó al Arzobispado de Paraná y desde hace dos años se realizan acciones concretas encarnadas en la Fundación Lázaro. En calle Caputo 1158 de Paraná hay un hogar en donde viven jóvenes de diversas edades unidos con el objetivo de superar las adicciones.

Jorge Achor, coordinador de la casa, es quien recibe a Mujeres Divinas para dialogar acerca de cómo se trabaja en un espacio donde la contención y el apoyo son los pilares para invitar a quienes han caído en las adicciones a buscar un proyecto de vida que les permita autosuperarse. “El propósito es contener a los hermanos que han quedado excluidos o en situación de calle y por diversos motivos cayeron en la adicción. Se los integra a una comunidad que se ha ido formando a lo largo de estos años y se los atiende, contiene e invita a salir adelante haciéndoles ver que no están solos y que el caerse implica que podrán levantarse”, indica.

En el hogar se les abren las puertas para que puedan desarrollarse en un oficio, terminar los estudios y enfocarse en un proyecto de vida. En un primer momento Jorge comenzó trabajando codo a codo con Monseñor Juan Alberto Puiggari y después se fueron sumando otros curas. “La idea es que sea una casa de la iglesia y que todos los sacerdotes puedan acercar a los muchachos de sus parroquias. Se los ayuda y ellos también colaboran. La permanencia es gratuita porque el Arzobispado se hace cargo de los gastos”, señala.

Actualmente sólo viven varones en la casa porque las instalaciones no permiten la incorporación de mujeres, si bien es un objetivo de la Fundación el poder ampliar la sede o adquirir algunos otros espacios. La capacidad, hoy colmada, es de 28 personas. “Siempre se averigua la situación policial del chico o si tiene antecedentes, para saber en qué situación llega. También se evalúan las ganas que tenga de encarar un proyecto de vida. No sirve un tratamiento ambulatorio, ellos voluntariamente aceptan vivir todos juntos en comunidad y compartir las tareas de mantenimiento de la casa, que van desde colaborar en la limpieza hasta trabajar en la huerta o en los talleres de carpintería y tapicería. Hay muchas cosas para hacer en la casa, pero siempre que haya recursos se puede caminar”, asegura Jorge.

En el marco de la construcción de un proyecto de vida se va trabajando en el paso a paso. Lo principal es lograr que los jóvenes terminen el primario y secundario y posteriormente tengan un oficio. “Hay que trabajar mucho la disciplina para lograr que no recaigan en la adicción. Está siempre la tentación de volver a caer y por eso muchos de ellos tienen que restaurar vínculos e ir dejando en el camino aquellos que son tóxicos. Después, cada uno es un mundo y a su manera va mostrando signos de evolución. También la mentira es un tema muy complicado sobre el cual se trabaja, remarcando la importancia de decir la verdad”, indica. Sobre el tiempo de permanencia, Jorge explica que muchas veces depende de la edad con que ingresa cada uno y de la instancia educativa en la que se encuentra. “Es un caminar, un crecimiento que se encara en todo sentido. Se construye un espacio de confianza donde se demuestra que se puede seguir caminando ante una caída. Siempre tratamos de sostenerlos para que alcancen su proyecto y la fe es fundamental”, indica.

“Nos une la fe. Sabemos que no podemos caminar sin ella: es prioridad y lo más importante. Buscamos que quienes viven en el hogar se sientan perdonados, que sepan que no son malos y que se puede conocer de nuevo en el amor. En la convivencia se manifiesta un milagro de amor, compañía y apoyo mutuo. Ellos sienten que no son tan odiados ni que son criminales: a través del amor y el perdón se les enseña a seguir caminando”, señala Jorge.

Cabe destacar que quienes sostienen el hogar son sus propios habitantes. Jorge es el coordinador y los mismos jóvenes se organizan para llevar adelante todas las tareas. “Hacemos que la misma comunidad seamos todos”, dice Jorge, indicando además que la Fundación cuenta con el apoyo de un cuerpo médico que los visita semanalmente, compuesto por un clínico, un psiquiatra y un psicólogo. “La idea es que los ayuden a superar esa mala vida que tuvieron, los incentiven al buen descanso y los estabilicen. El amor y la familia son los pilares principales sobre los que se trabaja”.

 

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