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Alejandro Müller, un hombre que le pone huevo

Alejandro Müller, un hombre que le pone huevo

Alejandro “Huevo” Müller se destaca junto a su novia en el Bailando. Asegura que la fama es pasajera y que nunca le movió el piso. Disfruta del presente rodeado de su familia y aprendiendo a aceptar el cariño de la gente.

La mayoría lo conoció a través del recordado papel que interpretó en la novela Valientes, donde se puso en la piel de Huevo, un hombre inocente y adorable compinche de los tres hermanos y galanes de la tira que encarnaban Mariano Martínez, Gonzalo Heredia y Luciano Castro. El sobrenombre le quedó y Alejandro es ahora más reconocido como Huevo Müller. Antes ya había hecho televisión y algunas apariciones en cine.

Nacido en Merlo, Buenos Aires, descubrió su vocación como actor después de los 40 mientras buscaba un despeje a su rutina. El 2017 lo sorprendió con la propuesta de bailar en Showmatch y decidió aprovechar la oferta de hacerlo acompañando a su pareja Roxana Cravero, cuyo noviazgo fue noticia por llevarse más de 30 años. Superó dos instancias telefónicas en las que fue elegido por el público y ese apoyo lo motivó a continuar en el certamen con mayor confianza. Entre ensayo y ensayo recibió a Mujeres Divinas para hablar de su trabajo y sus afectos.

¿Cómo incorporaste el Bailando a tu rutina?

Me costó un poco, ha sido un cambio muy grande. Si bien las tiras también te ocupan todo el día, el baile era para mí totalmente desconocido. La estoy llevando bien, por ahí es raro porque estoy trabajando con mi mujer y para nosotros eso es nuevo. Es todo un tema porque convivimos, todo está muy relacionado y a veces se torna un poquito monotemático. Ahora estamos intentando desconectar un poco porque a veces se generaba una situación hasta incómoda, porque estamos todo el día pendientes de que teníamos que ensayar, si bailamos bien o mal. Estamos tratando de cambiar la actitud y cuando estamos en casa intentamos de hablar de otras cosas que no sean las notas que tenemos que hacer o los pasos de baile. Para nosotros es nuevo y por ahora lo estamos disfrutando. Al principio me ponía incómodo estar en la boca de todo el mundo, yo no estaba muy acostumbrado ni tampoco lo busqué. A mí me gusta hacer mi trabajo y que me digan si gusta o no, pero ya que me empiecen a juzgar un poco me molestaba. Ahora lo tengo más incorporado y lo tomo desde otro lugar.

¿Cómo te llega la propuesta y por qué decidís aceptar?

Fue muy de golpe. Nunca me imaginé estar ahí ni era algo que hubiera buscado. Hay gente que hace hasta campaña para estar, pero como yo no soy bailarín ni mucho menos mediático estaba lejos de pensarlo como posibilidad. Muchos de mis compañeros de la obra Abrakadabra como Pedro Alfonso, Flor Vigna, El Polaco o Silvina Luna me decían que era una experiencia por la que tenía que pasar. Un día mi novia hizo unas fotos para un portal y me llama el Chato Prada que quería reunirse conmigo, porque la quería en el Bailando. Cuando nos juntamos me comentó que también le llamaba la atención la diferencia de edad y me propuso que bailáramos los dos. Fue muy loco, pero lo hablamos con ella que en ese momento estaba laburando de promotora y haciendo trabajos de modelaje y decidimos aceptar. Hasta ahora fuimos al teléfono dos veces, pero se generó una linda movida con la gente y empezó a percibirse un lindo apoyo.

¿Qué devolución tenés de la gente?

Uno se prepara más para el jurado o está más pendiente de lo que te puedan decir, pero es la gente la que te elige, como en el teatro: te compra o no te compra. Ellos deciden y a yo a eso lo valoro muchísimo. Soy un tipo común y silvestre, no tengo cosas de divo ni mucho menos. Calculo que se genera por eso ese cariño con la gente. Nunca tuve problemas ni escándalos, lo único que puede llamar la atención por ahí es la diferencia de edad que tengo con mi mujer, y que ella es muy bella y yo un tipo viejo y feo (risas). Soy un laburante como cualquier otro y como muchos de mis compañeros.

¿Cómo conociste a tu novia?

Nos conocimos en Carlos Paz, lugar que amo. Yo estaba haciendo temporada hace unos años y en esa oportunidad ella estaba de notera para un programa. Nos cruzamos un par de veces, pero no había pasado nada. Un día tuiteó algo, me arrobó y yo la empecé a seguir y a observarla un poco más. Noté que era muy linda, le pasé mi teléfono y empezamos a chatear más seguido. Más adelante nos encontramos en un evento en Buenos Aires. Me histeriqueó un poco al principio, pero yo no sabía que era tan chica, ¡nunca le había preguntado la edad! A pesar de todo seguimos para adelante y acá estamos, hace cuatro años conviviendo y con muchos proyectos a futuro. La diferencia de edad no nos preocupa y creo que socialmente se le da cada vez menos importancia. Nos llevamos bien, es una mujer increíble. Ella se divierte mucho conmigo, dice que me salva el humor.

¿Te considerás una persona divertida?

Si, pero ojo, no soy el tipo que está haciendo chistes todo el día. Esas personas me ponen un poquito nervioso (risas). Intento tener buen humor y estar en la mejor frecuencia. No siempre lo logro, tengo mis días de bajón como cualquier persona normal pero siempre intento tener buena onda. Hay que ponerle onda a la vida y disfrutarla.

A partir de lo que pasó con Valientes, ¿cómo viviste esa explosión de fama?

Fue muy movilizante. Esa época era una locura, no podía ni siquiera comer en un restaurante con mis hijas. Fue muy loco lo que se dio, me sorprendió y te diría que hasta me asustó, pero lo fui aprendiendo a manejar en el tiempo. A veces me escapaba de los lugares porque me daba hasta miedo; era una cosa muy fuerte que todo el mundo te hablara, te observara, te pidiera foto o autógrafo. Creo que fue una experiencia maravillosa y extraña a la vez. Después se fue relajando todo y ahora vivo una vida absolutamente normal. La gente me saluda por la calle, se acostumbró a mí y yo también a eso. No se trata de fama, porque a eso no le doy pelota. El reconocimiento y el cariño de la gente es lo que está buenísimo. Fama tiene cualquiera y es pasajera, pero el reconocimiento es otra historia y lo valoro muchísimo.

¿Cómo te llevás con tus hijas?

Tengo dos hijas grandes y hermosas de 25 y 29 años. El vínculo con ellas es fantástico, son muy compañeras conmigo y tenemos una relación muy linda. Ellas viven en la zona oeste de Buenos Aires, en Padua, y yo ahora me mudé a Palermo por comodidad, pero nos vemos bastante seguido. Una ya se recibió de Licenciada en Comunicación Social y está haciendo un Doctorado, la otra se recibe este año de Socióloga. Son mi vida y tengo que agradecer que también se llevan muy bien con mi mujer, así que eso me ayuda muchísimo.

¿Sos familiero?

Si, muy. Tengo mucha relación con mi familia, incluso somos de comer juntos con mi ex mujer. La familia es lo único que siempre tenemos, todo lo demás es efímero. Es fundamental saber quién es uno, es lo principal para poder estar bien. Todo lo demás se termina; Valientes, Showmatch… todo tiene un ciclo que está buenísimo y uno lo disfruta, pero después llegás a tu casita y tenés sólo a tu familia. El glamour, las fotos y las revistas son cosas que se terminan en segundos. Reconozco que soy un tipo muy afortunado porque siempre pude trabajar de lo que me gusta. A mí la fama, por así decirlo, me agarró ya de grande y no me mueve el piso.

¿A qué edad empezaste a estudiar teatro?

Cuando tenía casi 40 años. Fue por hobby, porque tenía una empresa y necesitaba desconectar un poco así que trabajé un poco de las dos cosas hasta que un día decidí dedicarme exclusivamente a la actuación porque creo que es algo mágico. Eso me conquistó, porque no tiene una explicación. Cuando hacés lo que te gusta, todo fluye y por eso quiero seguir en esto hasta que me muera. Hay proyectos, por suerte nunca me faltó trabajo. Ahora estoy muy abocado al baile, comprometido con el teatro y con la gira. Mi idea es seguir en el Bailando lo más que pueda y por eso no he cerrado nada para el futuro. Estoy disfrutando mucho del momento.

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