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Voces en el silencio

Voces en el silencio

Radicada con su familia en Buenos Aires, Carolina Cumini trabaja en la actualidad en la Confederación Argentina de Deportes para Sordos (CADES), allí participa actívamente en la gestión para que nuestro país sea sede de las Sordolimpiadas 2017.

¿Cómo te comunicás con tus padres?
Nuestros padres siempre nos leyeron los labios, aprendimos a gesticular un poco más de lo común para que ellos nos entendieran. A mi mamá le hablo más lento que al resto de las personas, es algo que tenemos incorporado. Aunque conozco muchos hijos de sordos —que son oyentes— que se comunican mediante lenguaje de señas.

¿Cómo se las ingeniaron tus padres cuando eran bebés?, ya que además de ser primerizos, vinieron por partida doble.
En un principio recibieron mucha ayuda de sus propios padres y demás familiares. Recién nacidas, mi tía Raquel se quedaba a la noche a cuidarnos y ayudaba a mi mamá, aunque me parece, por lo que nos cuentan, estaba más relacionado con el hecho de que seamos mellizas que por ser sordos. Supongo que es algo instintivo también, conozco muchas familias compuestas por padres sordos que se las arreglan muy bien solos.
¿Considerás que tuviste una niñez especial y distinta al resto de tus compañeros?
De pequeñas no nos dábamos cuenta que teníamos padres diferentes, a medida que crecíamos comprendimos que hay cosas que ellos no podían hacer o que nos necesitaban para poder hacerlas, como hablar por teléfono, escuchar las noticias, atender a un vendedor o pedir un turno por ejemplo. Éramos sus intérpretes, así los ayudábamos a comunicarse con los demás, con todas las personas que no los conocían. Nos hicimos cargo de muchas cosas siendo muy chicas.

¿Cómo era la relación de tus padres con las maestras y profesores?
En el colegio siempre los integraron mucho, las maestras se llevaban súper bien con mi mamá y la ayudaban a que entendiera las cosas, lo mismo sucedía con las mamás de mis compañeras. Mi papá, ya fallecido, hablaba casi como un oyente, su comunicación con el mundo oyente era fluida, eso tiene mucho que ver con sus estudios en el instituto Oral Modelo, por este motivo mis abuelos se vinieron a vivir a Buenos Aires.

¿Cómo era la vida cotidiana en la casa?
Con mi papá se podía comunicar perfectamente. En cambio, con mi mamá, si no la conocés, es un poco más complicado entenderla.
Actualmente las casas están adecuadas para estos casos, se prenden las luces cuando tocan el timbre o el despertador hace que la cama vibre, para mencionarte dos situaciones cotidianas. La tecnología ayudó mucho a integrarlos, antes usaban fax o teléfonos para sordos —no eran útiles porque había muy pocos—, mi papá tenía el único en Paraná y sólo servía para comunicarse con algunos pocos amigos de Capital Federal. Ahora con los teléfonos celulares e Internet están tan comunicados como cualquiera. En la tele desde que hay closed caption, ven más canales de aire o noticieros, antes estaban condicionados a ver películas o unos pocos canales de cable con subtítulos. En general, se relacionan con otras personas que tienen las mismas o similares dificultades auditivas, acuden a clubes de sordos y la mayoría de sus amigos son sordos.

¿Hablás el lenguaje de señas?
En mi casa, mis padres no lo usaban con nosotros, entonces no soy tan fluida en el lenguaje de señas y lo poco que sé, es por haber visto cómo hablaban entre ellos. Mi papá era profesor de lengua de señas, trabajó en el Instituto Villa Soles.

¿Cuál es tu trabajo en la Confederación Argentina de Deportes para Sordos?
Soy traductora de inglés y ayudo con todas las comunicaciones con aquellos países en donde se realizan eventos y competencias. Desde hace unos tres años estamos trabajando en el proyecto para que las Sordolimpiadas se realicen en Buenos Aires.

¿Creés que este país integra a las personas hipoacúsicas?
En Argentina tienen muchos inconvenientes, hay otros países que cuentan con subsidios o patrocinadores, por ejemplo. De todos modos, la confederación consigue la ayuda necesaria, están bien organizados, y todos los años logran viajar al exterior para participar de competencias internacionales.
Mi papá siempre estuvo muy interesado en la integración de los sordos a través de los deportes. Cuando en 1986 volvió a vivir a Paraná, se dio cuenta de que hacía falta una asociación para integrar a los sordos a través del deporte y fundó el Círculo Deportivo Social y Cultural de Sordos de Paraná y de esta forma muchas personas sordas tuvieron la posibilidad de participar de eventos deportivos nacionales e incluso internacionales.

¿Has probado ponerte alguna vez en sus zapatos?
Es difícil, sinceramente no recuerdo ninguna situación en la que sólo haya habido silencio en mi vida. No es fácil ponerse en el lugar de ellos, uno se pregunta muchas veces cómo sería si nunca hubiera escuchado la voz de los miembros de mi familia o cómo sería si no supiera lo que es la música, hablar por teléfono o escuchar la radio. Con bajarle el volúmen a nuestro televisor ya nos damos cuenta de que hay mucho que nos perdemos. Esto que puede ser muy terrible cuando lo pensamos desde la perspectiva del oyente, en la realidad se compensa por otros lados y te aseguro que, en cierto punto, son hasta más perceptivos. Hacen una lectura más profunda de lo que ven y no se pierden ni un detalle. Por lo menos a mi mamá no se le escapa una (risas).

El 19 de septiembre de 1885, el Congreso Nacional sancionó la ley para la creación del primer Instituto Nacional para Sordomudos del país, por lo que este día se conmemora
el Día Nacional de las Personas Sordas Argentinas.

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