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Vida de perros

Vida de perros

Partiendo de la base que el mejor elevador de autoestima femenina podría ser una obra en construcción, salí una mañana a escuchar lo que sería de ahí en más el diccionario verbal del piropo crudamente animal. Y mis oídos pudieron escuchar: yegua, perra, gato, zorra, pantera y monito.

Al preguntarle a las mujeres que opinaban, muchas me dijeron “son unos cerdos que se hacen los vivos y son unos burros”, aunque reconocen que algunos se ven como potros y los imaginan cual toros en el amor, no faltaron las resentidas que terminaron por describir a la raza masculina como unos caracoles, ya que son babosos, arrastrados y con cuernos.

Estamos siempre inmersos en medio del zoológico humano, y todos en nuestras vidas tenemos una mascota real o ficticia o acaso ¿quién no tiene una vecina lechuza, una compañera de trabajo que es una víbora, una parienta que procrea como conejo, un amigo con memoria de pez, otro que come como pajarito, una sobrina que repite como loro y una suegra picasesos? ¿quién no conoce una madre que es una leona y una luchadora que pelea como tigresa por sus pollitos? Y quién un sábado a la noche no se miró al espejo y dijo: “soy una vaca”.

Por eso, todos podemos ser feroces, fuertes, sensibles, fieles y salvajes según el momento y la situación y nos identifiquemos o no con un animal, siempre puede que otro nos esté viendo como un bicho raro que hay que encerrar en una jaula, y por más que peleemos como fieras , nos encanta jugar al gato y al ratón, y somos hombres y mujeres el uno para el otro un mal necesario, y estoy seguro que muchas mujeres nos prefieren a los hombres antes que a una mascota por el simple hecho de que así no tendrían que domesticar otro animal ¡Guau, guau!

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