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TOC, un trastorno común

TOC, un trastorno común

Una persona con TOC se da cuenta de que tiene un problema y normalmente sus familiares y amigos también lo hacen. Los pacientes suelen sentirse culpables de su conducta anormal y sus familiares pueden enfadarse con ellos porque no son capaces de controlar sus compulsiones. Otras veces, en su deseo de ayudarlos, pueden aparentar que los síntomas no existen, justificarlos o, incluso, colaborar en sus rituales, acción que se considera contraproducente.
Los síntomas y la importancia que implica el TOC pueden presentarse a cualquier edad, pudiendo producir una importante discapacidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluye entre las 20 primeras enfermedades discapacitantes con una prevalencia del 0,8 por ciento en los adultos y del 0,25 por ciento en niños y adolescentes, y entre las 5 enfermedades psiquiátricas más comunes.

Pensando en un “sí”
“Tengo la necesidad (obsesiva) de dejar la pasta de dientes hacia la derecha, y cerrar la tapa sin mirar, por si me quedo encerrado”, comienza su relato Raúl. “Si pienso en ‘no’, tengo que imaginarme el ‘sí’, pensando algo bueno, para que no pase nada malo. Si pienso en mi mamá, creo que por este motivo le pasará algo malo”, agerga velozmente este hombre soltero de 40 años.
“Prenderme botones o atarme las botas son rituales donde tengo que estar pensando en algo bueno, y en alguien indiferente, por temor a la idea de muerte de un ser querido. Al vestirme, o para cualquier actividad, sólo puedo hacerlo si pienso en el ‘sí’, al escuchar música, debo de antagonizar palabras, pensando en el ‘sí’, repetir la melodía hasta que la asocio de manera positiva. Al cruzar un semáforo, necesito tocarme la rodilla con la mano izquierda por si un familiar cae enfermo y si leo la palabra ‘dormir’, creo que no podré despertar”, concluye Raúl.

Números mágicos
“Toda mi vida depende de los números, los hay buenos como el cuatro y el siete, y malos como el ocho. Vivo encarcelada con mis números y mis obsesiones”, confiesa Mabel, de 65 años, quien tiene obsesión por contar todos sus actos. “Para beber agua tengo que contar el número de tragos, no puedo dejar el vaso sino es con un número bueno, apagar la televisión bajando el sonido, o taparme los oídos, para no oír la última palabra, y evitar preguntarme. ¿Cuántas letras tiene? Andar por la calle, entrar en la iglesia, beber, comer, tocar los objetos, todo está condicionado por los números mágicos”, concluye.

Con el mismo tono
María Eugenia tiene 34 años y nos cuenta que el volúmen del televisor tiene que estar en número par o bien terminado en cinco. “Mis tapers tienen que estar unificados de color y, como me gusta el rojo, cuando me compro uno, tiene que ser de ese color, si hay alguno de otro tono seguro que no es mío”, finaliza esta joven santafesina.

El Aviador

FIlm sobre la figura de Howard Hughes, un multimillonario playboy y aventurero aéreo, una de las figuras totémicas de los años de máximo esplendor de Hollywood. Pasada la borrachera de amantes y records de velocidad, Hughes, que lo tuvo todo, pasó sus últimos años sólo, recluido en un hotel de Las Vegas, adicto a la heroína y obsesionado por los gérmenes y la suciedad. La historia que dirige Martin Scorsese es pues, además de un viaje al Hollywood dorado (años 20-40), un relato sobre el descenso a los infiernos.

Mejor Imposible

Melvin Udall (Jack Nicholson) es un escritor de novelas románticas que vive en Nueva york y padece un trastorno obsesivo-compulsivo, algo que lo hace intratable para el resto de la sociedad y de lo que, además, él se enorgullece. Hay una persona que sí convive con él en su día a día: la camarera Carol Connelly (Helen Hunt), quien lo atiende pacientemente en el restaurante donde suele almorzar, al que él lleva siempre un juego de cubiertos desechables para no usar los mismos que han usado otras personas. Un buen día, tiene que hacerse cargo de un perro al que odia a muerte. La presencia en su vida del animal ablandará su corazón.

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