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Papá del corazón

Papá del corazón

Luego de presentar las tiritas del test, las diferencias entre hombres y mujeres se hacen más grandes y se nota que ellas hablan en chino y ellos en japonés, las mujeres son sentimiento, los hombres son razón, y mientras ellas piensan en comprar la cuna, ellos calculan una progresión aritmética entre el precio de los pañales y el tiempo estimativo del gasto.

Están los papás que buscan serlo y que han hecho lo imposible por concretar ese sueño, tienen todo planificado, lo esperan, se preocupan y hasta juegan una partida de ajedrez contra la ansiedad de la no llegada de la noticia, y en el camino van dejando una futura mamá muy feliz entre tanto intento.

Están los que se sorprenden, esos papás que creen que no hicieron nada para contribuir con la superpoblación mundial y tienen el tupe de preguntar ¿Cómo pasó? Y no piensan en otra cosa más que salir con una escopeta a cazar cigüeñas que trabajen en el correo paternal o darse una sobredosis de Liquid Paper y borrarse.

Nunca falta un papá mago, ese que después de haber ofrecido el oro y el moro, y haber escrito miles de cartitas a París, no le hacés reconocer su letra ni con un perito calígrafo y después de un polvo mágico ¡¡puf!! desaparece.

Están los padres-madres, que sienten, viven y palpitan desde el momento cero la dicha de ser papás y acompañan hasta con antojos, incluso hasta en la sacrificada tarea de ver crecer su panza en el proceso -aunque mas no sea por el efecto de la cerveza, claro está-.

Están las madres-padres, esas mujeres solas, que tapan baches, que ocupan roles, que justifican, que esperan, que entienden -aún lo inentendible-, que se conforman, que aceptan, que se desarman por estar en todos lados, y que, como fieras, defienden sus cachorros, ceden su lugar de mujer en pro de ese papá que tal vez venga.

Y están los papás del corazón, que aún no dieron vida, que no saben si lo harán, pero que aman, contienen, educan, y no se quieren perder la felicidad de saber que el amor inocente de un alma pura, es un privilegio que no todo hombre puede ni quiere tener, porque un hijo es una posibilidad de cambio, pero para cambiar, hay que ser lo suficientemente fuerte y lo suficientemente hombre como para tomar la decisión de hacerlo.

Como verán, hay padres y padres, los hay metiches, babosos, guardabosques, cascarrabias, presentes, ausentes, estructurados, compinches, piolas, padres por título y padres por opción y está el tuyo que seguramente es único e irrepetible porque es el que entendió que no es más padre quien pone la semilla que quien vela porque el retoño de buenos frutos ¡Grande Pa!

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