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Pablo Millán

Pablo Millán

Es uno de los actores transformistas más destacados del Litoral. Nació en Rosario el 5 de febrero de 1968, se crió en Santa Fe; a los seis años, el divorcio de sus padres implicó una estadía en Gualeguaychú. Tiene una hermana mayor, Alejandra, y el menor se llama José, fruto del segundo matrimonio de su madre, “a quien cuidé como a un hijo”.

A los 17 años se fue de su casa, y se instaló en una pensión santafesina para iniciar a paso firme su camino artístico; luego, de la mano de Pablo Rey llegó a Brasil, lugar en el que conoció el éxito, pero donde también vivió el peor momento de su vida. La crisis de 2001 lo depositó en Paraná, donde echó raíces y desarrolló su potencial artístico.

Hoy, con 26 años sobre las tablas -nueve temporadas en Mar del Plata y escenarios compartidos con Carmen Barbieri, Santiago Bal, Tristán, Antonio Gasalla, entre otros- lo tentaron para sumarse en octubre a la obra de Carmen y Moria, en el espectáculo de revista Tabarísima.

“Llegar a calle Corrientes es increíble y lo vivo como un peldaño más en mi vida profesional, pero no me desvela; si no se da, tengo millones de proyectos, nunca fui un tipo de quedarme sentado en mi casa” admite sin falsa modestia.

“Soy originalmente actor y elegí ser transformista, el teatro es mi vida y construí un personaje que tiene una muy buena recepción de la gente”, precisa.

 

El transformismo

 Pablo creció rodeado de mujeres, ayudando a su mamá en el Instituto Escuela de Belleza Integral, donde daban clases de peluquería. Durante muchos años, trabajó como peluquero y actor.

“Nunca me di cuenta del todo del camino que estaba iniciando; cuando uno es joven es intrépido”, recuerda.

Estudió en el Instituto Provincial de Arte Teatro, fue actor, director teatral y de títeres. Enfocado en los espectáculos para niños el transformismo lo descubrió casi sin querer, por medio de un amigo que lo llevó a ver el espectáculo de Osvaldo Pettinari (actor, vestuarista y transformista de Santa Fe).

Tiempo después, con el objetivo de recaudar fondos para financiar una obra infantil, surge la posibilidad de hacer un Café Concert como transformista. “Hasta ese momento, yo me disfrazaba de Rafaela Carrá y bailaba frente al espejo, desconociendo el género artístico”, apunta. “Empezamos un viernes, y a partir de ahí nunca más hice otra cosa”, subraya, marcando el momento en el que comenzó esta historia. Este fue el puntapié para la formación de Troupe, un grupo que perduró 12 años, con 11 temporadas de verano en Villa Gesell.

¿Cómo fue la adaptación familiar a tu estilo de vida?

La elección de mi trabajo y mi sexualidad no fueron un problema para mi seno familiar, donde tuve una aceptación enorme de mi mamá y de mi hermano José, que me acompañaron siempre. Mi papá se fue de casa cuando yo tenía 6 años, y nunca entendió lo que hago. Raúl, el segundo marido de mi madre, también fue una contención. Cuando tenía 18 años tuvimos una discusión y me fui de casa; con el paso del tiempo, comprendí que ser artista y gay era un cóctel fuerte para digerir.

¿Fantaseás con tener un hijo?

Hace mucho que tengo resuelto ese tema. No voy a tener hijos, no sólo por mi condición sexual sino porque nunca me interesó. Crié a mi medio hermano, José Furelos, que nació cuando yo tenía 13 años y con él canalicé mi paternidad.

¿Qué rescatás del público local?

Que nunca hayan cuestionado mi vida sexual, que la entendieron desde un comienzo. Siempre sentí que acá me respetaron como artista, independientemente de mi condición de gay.

¿Las cirugías que te hiciste, fueron por una necesidad profesional o personal?

Soy pro cirugía estética. Me hice dos en la nariz y dos lipoaspiraciones; en la última me hicieron una lipo transferencia y me sacaron grasa de los flangos para ponérmela en los pómulos y en la frente. Me las realicé porque me gustan para mi vida, pero también me ayudan en mi vida profesional. Producirme me lleva dos horas, con el retoque en los pómulos me cuesta menos. De todos modos, recién ahora me reencontré con mi cara, al principio me costó verme al espejo.

¿Qué objetivos todavía no alcanzaste?

Inicialmente, no me imaginé esto, a partir de ahí todo me fue sorprendiendo. Nunca pensé que un tipo vestido de mujer podría haber logrado ser el artista más reconocido de Paraná y Santa Fe.

Ahora, tengo muchas ganas de volver a hacer una obra de teatro. Quiero tener un texto que no sea mío; la idea es hacerla con mi personaje y actores y humoristas de acá. Es una manera de reinventarme, porque mi show cómico musical ya está impuesto y siempre quiero más. Siento que está cerca mi fecha de vencimiento en Paraná; empecé a sentirlo hace un tiempo, pero siempre dije que el día que me vaya de acá, tomaré mis valijas y diré ¡misión cumplida!, porque en lo artístico muchas cosas serán después de Pablo Millán.

Si bien soy muy reconocido como artista y me va bárbaro, también siento que tengo ganas de mostrar mi trabajo en otro lado, no necesariamente en Buenos Aires; por lo pronto este es mi lugar en el mundo, donde me siento feliz, pero sé que llega el final.

¿Pensás en la posibilidad de bajarte del escenario?

Mi objetivo principal es poder seguir trabajando en esto hasta que el cuerpo aguante, porque no quiero morir arriba de un escenario.

Cuando participé en Barbierísima dejé de vestirme de mujer durante seis meses, para trabajar como director de vestuario, y fui plenamente feliz. Me gusta el vestuario, dirigir, escribir, creo que si el cuerpo no aguanta tengo muchas otras opciones de trabajo que me hacen feliz, porque el mundo artístico es maravilloso.

Lo mejor y lo peor en un año

La vida artística y personal de Pablo Millán quedó grabada a fuego en su paso por Brasil.

En el verano de 2001, fue convocado por el transformista Pablo Rey para ser el segundo cómico en el Castillo de Mario Huose, en Camboriú. La temporada fue un éxito, con funciones de lunes a lunes y 900 personas por noche.

El verano siguiente empezó con una Argentina devastada por crisis económica que no sólo implicó un fracaso para la temporada, sino que puso a Millán ante el dolor más grande de su vida. Su mamá había viajado para acompañarlo, como lo había hecho el año anterior. Llegó el 3 de enero de 2002, pero nueve días después tuvo un pico de glucemia y falleció.

“Tenía en el bolsillo 7,50 reales; y para trasladarla a la Argentina me pedían 5.000 dólares que no tenía. Falleció un sábado, el domingo por la noche estaba trabajando, porque tenía que devolver el dinero que me habían prestado para poder inhumarla”, rememora.

Recién un mes y medio después pudo regresar al país. “Llegué con 40 dólares en el bolsillo, manejando un auto prestado, y me fui a Gualeguaychú a enfrentar a mi familia”.

Una nueva oportunidad laboral le abrió puertas en Paraná. Retomó el Café Concert. Corría el 2002, le pagaban con bonos Federales y eso lo obligó a permanecer en la ciudad, de donde no se fue nunca más, y afianzó su carrera artística.

Ponele brillo al humor

El próximo sábado 12 y domingo 13 de octubre Pablo Millán vuelve al Teatro 3 de Febrero de Paraná con su nuevo show cómico musical 2013, la risa continúa. Con un gran elenco de artistas invitados, promete un espectáculo para toda la familia.

En Santa Fe, única función el feriado lunes 14 en ATE, Casa España.

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