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No te enamores de mí

No te enamores de mí

Los terapeutas aseguran que la gran mayoría de sus pacientes llegan a la consulta, buscando alternativas a la angustia y frutración que les causa la soledad. Paralelamente, crece el número de hombres y mujeres que optan por estar solos y son felices con su decisión.

No todas las mujeres sueñan con una casa grande, un marido fiel y varios hijos alrededor; por el contrario, proyectan sus días con compañías esporádicas, que no demanden mayor compromiso que el aquí y ahora. A los hombres le pasa algo similar, para muchos, la familia es un obstáculo para alcanzar otras metas; prefieren poner su energía en el trabajo, viajar y compartir horas de placer y pasión, sin ataduras, ni encasillamientos.

La tendencia ya forma parte de las estadísticas sociológicas, que muestran que vivir solo es un fenómeno social que no para de crecer. En este período de mutación, la revolución tecnológica y el nuevo papel de la mujer son determinantes, porque dan lugar a la instauración de valores en los que prima la búsqueda del bienestar, desde el modelo de la individualización.

 

Romper el molde

Andrés tiene 32 años. Nació y se crió en Paraná; desde hace ocho años reside en Buenos Aires. Hasta allí emigró en busca de las oportunidades laborales que su ciudad natal no logró darle.

Tomar la decisión de partir no fue difícil. “Soy una persona independiente, resuelta, sin una relación que me ate”, aseguró.

Andrés tuvo varios noviazgos; uno de ellos duró nueve años, “pero cuando surgió el tema del matrimonio, di por terminada la relación”, asegura categórico.

Por estos días, las relaciones que establece son esporádicas. No quiere vínculos profundos, para evitar las propuestas de convivencia o matrimonio, “y ni que hablar de los hijos”.

“La mayoría de las mujeres que conocí se quieren casar y tener hijos, y mis prioridades son otras, quiero trabajar sin pensar en que debo sostener a una familia”, argumenta.

“Quiere invertir el mayor tiempo posible en mi propia empresa, para hacerla crecer, y en este plan, una mujer e hijos me demandarían tiempo que, hoy, no tengo para darles”.

 

A escondidas

Jorgelina es empleada de comercio. Tiene 28 años y asegura no haber atravesado por ningún noviazgo. Su amor, el más importante de su vida, está en pareja desde hace seis años.

Lejos de tratar de olvidarlo, se conforma con tenerlo de a ratos, cuando él puede y decide engañar a su mujer. “Prefiero aceptar estas circunstancias, antes que no poder tenerlo”, confiesa.

Mientras tanto, sus objetivos más inmediatos pasan por buscar destinos turísticos, esperando la llegada del verano para viajar con amigas que, al igual que ella, no tienen una pareja formal. “Con mis amigas solemos irnos a Brasil, juntas la pasamos muy bien, y ellas me entienden, comprenden mi situación y respetan mi decisión”.

Jorgelina siente que el resto de los hombres que conoce no la entienden. “Quiero estar sola, y les parece raro”, cuestiona. “Y cuando encuentro a alguien que me atrae, con quien logro congeniar, termino por advertir defectos que modifican la relación”, analiza.

“Las relaciones serias no son para mí”, se lamenta.

 

Amor secreto

Laura, por su parte, mantiene, desde hace cuatro años, una relación afectiva con un hombre casado, a la espera de que, algún día, él decida patear el tablero.

A punto de cumplir 29 años, no pierde las esperanzas de cambiar la historia. “Confío en que se va a quedar conmigo, por eso sigo apostando a esta relación; además, los chicos que conozco me resultan inmaduros, aburridos”, esgrime.

Los días de Laura transcurren entre su amor clandestino y el trabajo. Estudia diseño y tiene expectativas de desarrollarse, viajando por el mundo, apuntalando su profesión, pero siempre cerca del teléfono, a la espera del llamado que le cambie el día.

 

No te enamores de mí, la película

Drama romántico argentino acerca de una nueva generación de jóvenes adultos que buscan vivir el “aquí y ahora”, pero se enfrentan a los condicionamientos familiares y a su propia dificultad para entregarse física y afectivamente a las relaciones.

Es un drama sobre las historias de vida de varios veinteañeros y treintañeros de clase media y media-alta, que presentan conflictos sexuales y contradicciones afectivas.

Guión y dirección: Federico Finkielstain. Elenco: Pablo Rago, Julieta Ortega, Guillermo Pfening, Mercedes Oviedo, Violeta Urtizberea, Tomás Fonzi, Francisco Andrade, Ana Pauls, Luisina Brando.

 

 

El miedo al compromiso

Por la Lic. Claudia Gomez Arpí (*)

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado el miedo al compromiso, y en cierta forma este sentimiento de aprehensión es normal ya que, en alguna medida, estamos coartando nuestra libertad.

Pero muchas veces este miedo a la pérdida de la libertad y la independencia, impide a la persona entablar una relación estable.

Aunque existe la leyenda urbana de que los hombres son los que tienen más miedo al compromiso, lo normal es que se dé en ambos sexos, y en todos los ámbitos sociales.

Asumir un compromiso implica ir un paso más allá del círculo de comodidad que nos hemos construido; casi siempre conlleva un cambio y todos tenemos cierta resistencia a ello. Sin embargo, existen personas que sobrepasan los niveles de temor considerados normales y casi llegan a sentir una verdadera “fobia al compromiso”.

Detrás de este miedo al compromiso se esconde esencialmente una gran brecha entre las demandas del medio y los recursos psicológicos de la persona. Es decir, la persona que no desea comprometerse vivencia la situación como desbordante y no sabe cómo hacerle frente. Por ende, elige la solución más sencilla: escapar hacia su círculo de comodidad.

Hay personas que se agobian enseguida en las relaciones, o pierden el interés, por miedo a que dicha relación vaya muy deprisa. Prefieren no establecer vínculos emocionales ni hacer planes en común a futuro, intentando evitar que la relación llegue a un nivel más profundo.

Como una característica de personalidad de las personas que presentan un profundo miedo al compromiso emocional, puede estar presente la rigidez en las  normas respecto de cómo tiene que ser una pareja. Si las cosas no salen o no son como ellos esperan, se frustran, ya que consideran que su punto de vista es el correcto y que ellos no son los que tienen que cambiar. Suelen ser personas controladoras y estando solos, consiguen controlar todo su entorno, pero cuando comparten su vida con otra persona, el control desaparece, ya que no pueden controlar al otro.

Es necesario analizar y trabajar sobre este miedo y sobre las creencias que impiden arriesgarse. Y el primer paso para manejar nuestros temores es reconocerlos y expresarlos.

El miedo al compromiso tarde o temprano se convierte en un obstáculo para lograr nuestro desarrollo como personas y para alcanzar nuestras metas. Todo objetivo que realmente vale la pena demanda grandes dosis de pasión y compromiso.

 

(*) Psicológa – MP: 377

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