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El nacimiento de la madre

El nacimiento de la madre

Llevamos a nuestros bebés nueve meses en nuestro interior y, un buen día, nos encontramos con un bebé en los brazos. Nadie nos ha preparado para comprender en su dimensión real qué significa tener esta nueva vida. Nadie ha podido, ni aún los poetas, transmitir la mezcla de emociones, los cambios vitales, la transformación a la que la maternidad nos ha sometido. Deseamos cuidar de ese bebé con todo nuestro corazón, deseamos entregarnos con toda el alma, deseamos amarlo como antes nunca lo hicimos con nadie y lo conseguimos, de a ratos.
Entramos entonces en una lucha interna entre lo que debería ser y lo que es, entre lo que nos dicta la mente y lo que nos pide el cuerpo, entre nuestra fantasía y la realidad del día a día.
Acompañar a otro ser humano en su proceso de crecimiento y de creación de su propia identidad requiere tiempo, disponibilidad, paciencia (la ciencia de la paz), amor ilimitado y respeto. Que, a veces, se nos escurren entre el estrés del ritmo diario, nuestro propio proceso personal y las necesidades no resueltas. Las llamadas crianzas con apego, crianza respetuosa o natural nos exigen previamente haber transitado algunos caminos de desarrollo personal y autoconocimiento que, rara vez, hemos pensado que necesitaríamos para ser madres.
Del afuera recibimos la información transmitida de nuestra madre y de otras ajenas también, las cuales es común escuchar: “Dejalo que llore”, “Te toma el tiempo”, “Lo vas a malcriar”, “La teta no lo alimenta”, “Que no duerma en la cama con ustedes porque no lo sacás más”, y en esta última frase quiero detenerme.
La crianza con apego viene de muchos años, antes de nuestra historia, cuando las tribus eran matriarcales, es decir que nos criábamos en brazos de muchas mujeres. El hombre cazaba y luego venía a criar a muchos niños, no sólo el suyo. No se planteaban si se malcriarían los niños o no.
Hoy pretendemos ponerles límites desde que nacen, eso es criar niños sometidos y sin libertad, claro todo bajo control, sistema patriarcal. Un bebé está nueve meses en un útero muy plácido, nadie lo manipula a su antojo, él fluye como pez en el agua, luego nace y pide lo mismo, sostén, calor, contención, y fluir en todos sus ritmos naturales.
Pretendemos que duerma en una cuna fría, y que no tenga el calor de los brazos y sí, claro, cómo no va a llorar, sucede que no entiende por qué tanto cambio. La mamá agotada de su llanto lo pasa a su cama o sorpresa el bebé se duerme, dormimos todos.
El bebé necesita dormir en la cama junto al calor, olor y ritmo cordíaco de su mamá, para empezar a ambientarse a la nueva vida extrauterina. Así todos dormimos, le hacemos un nidito en el medio, para que quede cómodo y los miedos o mitos que lo podemos aplastar se despejen, o sino también una cuna que sea prolongación de la cama, sin barreras. Estadísticamente está comprobado que hay más muertes súbitas de bebés en la cuna que bebés que duermen en la cama de sus padres. Luego que el bebé se sienta cada vez más seguro, confortable y contenido en su ambiente familiar lo pasamos a la cuna, pero esto puede ser allá por el año y medio, digo para que no te apures a sacarlo de tu cama y lo disfrutes más.
Sean creativos padres. Sí, yo se que piensan en la intimidad de ustedes como pareja, sí la necesitan y mucho, pero hay tantos lugares para poder encontrarse que no sea sólo en la de dos plazas. Sean creativos que todo fluye.

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