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El glaucoma no se cura, se controla

El glaucoma no se cura, se controla

Esta enfermedad comienza con el aumento de la presión intraocular que causará una compresión de las estructuras oculares desde adentro hacia afuera. Esta fuerza produce un déficit de circulación y aplastamiento a nivel del nervio óptico que conduce a la excavación progresiva de la papila – parte visible de la entrada del nervio al interior del ojo- y puede llegar a la atrofia total e irreversible.

El nervio óptico podría ser comparado a un “manojo de cables microscópicos” encargados de transmitir la información visual desde el exterior hacia el cerebro, si éste se daña, la compaginación de los datos aportados por la conducción defectuosa, resultará en una imagen alterada.

Lo primero es la pérdida de amplitud del campo visual lo cual dificulta el desempeño normal de las actividades. En un comienzo, sólo puede ser detectado por equipos diseñados para medir la amplitud del campo visual llamados campímetros o perímetros pudiendo pasar inadvertido; pero una vez instalado, el defecto es progresivo y llega a una visión tubular que finalmente se pierde. Lamentablemente, como el daño ocurre a nivel de las fibras nerviosas, que son una proyección del cerebro, y éstas no tienen capacidad de regenerarse, cualquier nivel de daño, será irreparable.

Síntomas

Su presencia es muy solapada. Puede haber enrojecimiento, lagrimeo, círculos irisados alrededor de las luces potentes, lagrimeo pero en general no causa síntomas específicos. El dolor que afecta la región orbitaria e irradia hacia el hemicráneo del mismo lado sólo se presenta en cuadros muy severos como el glaucoma agudo. Puede ir acompañado de náuseas y vómitos. Se confunde fácilmente con un cuadro digestivo. Aunque inicialmente la visión no es afectada, sin tratamiento adecuado, los defectos del campo visual progresan y finalmente la pérdida de la visión central son inevitables.

Edad

El glaucoma es más frecuente en los pacientes adultos, mayores de 40 años. Sin embargo, existe la forma congénita y congénita tardía que afecta a niños, jóvenes y aún los recién nacidos. En éste último caso, caracterizado por lagrimeo, congestión y blefarospasmo (fuerte cierre de los párpados) es realmente una urgencia oftalmológica que sólo puede ser resuelta con una cirugía precoz.

Diagnóstico y valoración de la evolución

Es importante medir los niveles de presión intraocular así como valorar su consecuencia mediante el examen del nervio óptico y su representación en el campo visual. Equipos de última generación como el OCT (Tomografía de Coherencia Óptica), permiten realizar análisis que detectan lesiones a nivel de las fibras del nervio óptico mucho antes que el daño sea observable en el fondo de ojos.

Tratamiento

Puede ser médico o quirúrgico. Actualmente, y gracias al vertiginoso desarrollo de la industria farmacéutica, existen muchas opciones terapéuticas basadas en la administración de gotas, que en muchos casos, se aplican una sola vez al día.

Para los pacientes que no regulan adecuadamente con medicamentos, o se hace difícil su administración por alguna discapacidad física o por la edad así como en aquellos que no pueden comprar los medicamentos por factores económicos, la solución quirúrgica es planteada con muy buenos resultados.

Es importante resaltar que el glaucoma no se cura, se controla. El objetivo del tratamiento es conservar la visión que queda pero de ningún modo recuperar visión. Esto es imposible hasta el día de hoy y probablemente lo será por mucho tiempo. De ahí que sólo la profilaxis y la detección precoz del glaucoma pueden impedir sus consecuencias de invalidez visual.

(*) Especialista en Oftalmología – MP: 6216

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