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Débora La Gurisa Dionicius, una chica que pide mundo

Débora La Gurisa Dionicius, una chica que pide mundo

Empezó a boxear cuando tenía apenas 13 años; a los 16, se incorporó a la selección argentina y permaneció casi seis años en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD), lo que le posibilitó recorrer el mundo como embajadora nacional.
Con 108 peleas como amateur, el 19 de marzo de 2011 debutó como profesional, logrando ese mismo año el título Sudamericano Supermosca; en 2012 su ciudad natal la vio consagrarse Campeona Mundial Supermosca de la Federación Internacional de Boxeo, título que retuvo en julio pasado.
Es rigurosa y tenaz con sus entrenamientos. Su familia y amigos son su refugio en los días de distención. Está casada desde hace un año, y piensa en formar una familia, aunque dentro de un tiempo.
Con 25 años, esta entrerriana nacida en Villaguay quiere seguir sumando triunfos y se anima a soñar con más cinturones y nuevas retadoras.

¿Cómo nació tu interés por el box?
Desde muy chica, cuando acompañaba a mi hermana, que era boxeadora. La veía pelear y me producía mucha adrenalina, me daban ganas de estar arriba del ring; era muy especial lo que me sucedía, sobre todo porque nunca antes había practicado deportes.
Así fue que le pedí a mi actual entrenador, Peteco Franco, que me ayudara con la práctica, pero no me tomó en serio, “con 13 años no podés asumir esta responsabilidad, voy a perder el tiempo con vos”, me dijo. Pero, como soy caprichosa, me compré vendas y me fui sola al gimnasio, para entrenar y pegarle a la bolsa.
Peteco vio que tenía ganas y condiciones y de a poco me empezó a enseñar a sacar las manos, así fue que a los cuatro meses de haber empezado a entrenar tuve mi primera exhibición en Gualeguay. Me fui con una autorización firmada por mis padres, donde ellos me daban el permiso para pelear y se hacían responsables de lo que me pudiera pasar.

¿Fue complicado combinar el gimnasio con la escuela?
Abandoné la escuela secundaria a los 16 años, cuando cursaba tercer año, porque me convocaron para concentrarme en el CeNARD y ser parte de la selección argentina. Estuve representando al país durante más de cinco años y medio, tuve la posibilidad de participar de panamericanos y mundiales, conocí muchos países y viví experiencias extraordinarias; era la selección y viajar por el mundo, o terminar la escuela, y no lo dudé.

¿Cuándo comenzaste con tu carrera profesional?
Siempre tomé las cosas con mucha responsabilidad y esmero, porque además de hacer lo que me gusta este es mi trabajo.
Después de 108 peleas como amateur decidí hacerme profesional en una disputa que tuve en La Carlota, Córdoba. Fue el 19 de marzo de 2011, el mismo día de mi cumpleaños. Llegar a ser profesional era uno de mis objetivos, me fue bien, gané y sigo invicta.

¿Cómo es tu rutina antes de los combates?
Vivo y entreno en Villaguay. Cuando tengo que pelear, me levanto a las seis de la mañana para entrenar y hacer la parte física, en ayunas. Cuando termino, regreso a mi casa y me vuelvo a acostar para descansar. Me alimento con una dieta especial y almuerzo temprano, porque a las 14 retomo el entrenamiento en el gimnasio; luego de ello, descanso nuevamente y a la tardecita hago un tercer turno que es de entrenamiento corto, con un trote liviano, un fondo y relajación.

¿Qué hacés cuándo no tenés peleas?
Hago todo lo contrario a los días de entrenamiento (risas). Me levanto a las 10.30 y me preparo un buen desayuno, almuerzo tarde y no estoy en mi casa ni un minuto.
Disfruto mucho de mi familia y amigos. Cuando tengo que pelear tengo una rutina que me agota mucho, por eso aprovecho los días libres.

¿Cómo llevás el rol de ama de casa?
Estoy casada desde hace un año con Sebastián Miño, con quien nos conocemos desde chicos. Vivíamos en el mismo barrio (Pompeya), fuimos a la misma escuela (Nº3 Francisco Podestá) y ahí nos pusimos de novios.
Me casé por civil en diciembre de 2012. Era un viernes y tenía una pelea al día siguiente en Buenos Aires, así que estaba apurada porque debía llegar al pesaje, a las 16.
La ceremonia empezó a las 9.30, eran las 10.15 y el juez seguía hablando. Apenas terminó con su reflexión sobre nuestros derechos y obligaciones, firmamos la libreta, nos dimos un beso, nos sacamos las fotos y me subí corriendo a un auto, con el vestido puesto y me fui. Mi luna de miel fue sobre un ring.

¿Está entre tus prioridades ser madre?
Quiero tener hijos, pero no es algo que esté buscando concretar en lo inmediato. Estoy en mi mejor momento, haciendo lo que tanto busqué y siento que tengo tiempo para ser madre, soy joven aún. Si Dios me da salud y vida lo voy a lograr.

¿Te pusiste un plazo para estar arriba del ring?
Mi único límite es mi salud. Si en alguna pelea recibo un golpe fuerte, que pueda generarme consecuencias, dejo de boxear. Mi hermana tuvo que abandonar el deporte por un fuerte golpe en la cabeza que le produjo un coágulo, y no quiero que me pase lo mismo.

¿Qué boxeador argentino te gusta?
Me encantan el Chino Maidana y Lucas Matices. A Maidana lo conozco y es un excelente tipo, y eso lo hace más admirable todavía.

¿En el rubro femenino, tenés alguno referente?
No me quiero comparar con nadie, quiero tener mi propio estilo. Me gusta la Tigresa Acuña, pero no quiero parecerme a ella; es una excelente boxeadora y muy buena persona, porque nunca perdió la humildad y sencillez de siempre, a diferencia de otras compañeras de selección que cambiaron mucho.

¿Tenés cábalas?
Rezo antes de subir al ring. Soy devota del Gauchito Gil y siempre le pido que me proteja durante la pelea, para que no me pase nada. Así, salgo tranquila, sintiéndome protegida.

¿Qué soñás para tu vida profesional?
Mi sueño lo cumplí cuando logré ser campeona mundial. Pero como siempre quiero más, me puse como meta defender mi cinturón en distintas instancias, tanto en Argentina como en el exterior. También aspiro pelear por un cinturón más, y medirme con boxeadoras del país y el mundo, para saber en qué nivel estoy.

 

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