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Crianza Natural: el llanto del bebé

Crianza Natural: el llanto del bebé

Hombres y mujeres científicos y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente aclaración: “Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad occidental  lloren, pero no es cierto que sea normal”. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar, sueño, miedo, hambre, o el más frecuente, y que suele ser causa de los anteriores , la falta de contacto físico con su madre u otra persona del entorno afectivo.

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar sea cual sea la razón del mismo. En sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio para avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por si mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo lo que necesita para sobrevivir y para sentirse bien, -alimento, calor, apego- por esta razón no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo lo que precisa. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad y no llora nunca, como dice la norteamericana Jean Liedloff: “El lugar del bebé no es la cuna, ni la silla, ni el cochecito, sino el regazo humano, esto es cierto durante el primer año de vida, donde el bebé termina su etapa en brazos y pasa a explorar el espacio que lo rodea poco a poco en busca de su propia autonomía.

La verdad es obvia, sencilla y evidente

Cuando la criatura llora y no se la atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se desatiende por más de tres minutos el llanto de un bebé algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Las madres y los padres, aunque nos han educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y que hay que dejarlos llorar para que se acostumbren y por ello estamos especialmente insensibilizadas para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es normal si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor.

No estamos del todo deshumanizados, por eso los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguardar un poquito más ese sufrimiento mutuo, a esto se lo conoce como “administración de la tortura”, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos, ellos y ellas nos enseñan lo que estamos haciendo mal.

El co-lecho

No es cierto que el co-lecho (la práctica de que los bebés duermen con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita, según The foundation for the study of infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en las cunas.

Es de entenderse que cómo puede un recién nacido comprender de cunas si durante nueve meses estuvo en un lugar de máxima contención: el útero materno, pues es eso lo que requiere, es eso lo que reclama con su llanto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o hija deje de sufrir ya, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso, tomálo en tus brazos para sentirte y sentir lo que te está pidiendo, posiblemente sea sólo eso lo que necesita, el contacto con tu cuerpo, no se lo niegues.

 

(*) Doula. Educadora para el parto, nacimiento, puerperio y crianza. Coordinadora de la Red Latinoamericana por la Humanización del Parto y Nacimiento.

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