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Anabella Albornoz, fundadora de Suma de Voluntades

Anabella Albornoz, fundadora de Suma de Voluntades

La ONG en la que trabaja desde hace siete años, entrega 1.000 raciones de comida por mes; da clases de apoyo en los barrios y todas las noches recorre la ciudad para dar de comer a la gente de la calle.

Suma de Voluntades es una organización no gubernamental (ONG) que comenzó a trabajar hace seis años construyendo casas de emergencia en el Barrio San Martín, lindante al Volcadero de Paraná.

Con el paso del tiempo, la asociación se fue consolidando, creciendo y ampliando sus acciones y objetivos. Actualmente, sostiene tres comedores infantiles, apoyo escolar, alfabetización para adultos, recorridas nocturnas diarias para dar comida a gente en situación de calle, talleres educativos, clínicas deportivas y el proyecto Construir Dignidad, donde las familias se construyen sus casas, interviniendo en todo el proceso de la construcción, desde la fabricación de bloques hasta la edificación de la misma.

Esta organización de una gran fortaleza institucional, surgió por el impulso de una gran mujer: Anabella Albornoz, quien lidera todas las actividades.

Ella es nuestra mujer del mes.

Los caminos

Anabella tiene 40 años. Desde hace 18 años trabaja en una empresa de telefonía y hace siete que está en la ONG Suma de Voluntades.

La idea de juntarse con algunos compañeros de trabajo para ir a hogares de menores fue la semilla que luego floreció en Suma de Voluntades.

“El dolor siempre te lleva por distintos caminos. En mi caso particular, me llevó por el camino de la solidaridad. En un principio me ayudaron compañeros de trabajo en hacer cosas para los hogares de niños. Así comenzamos”, contó a Mujeres Divinos.

¿Cómo continuó ese trabajo?

Después seguimos con los barrios, más precisamente en el San Martín construyendo casas de pallets. En esa época cabíamos en un fitito (se ríe), éramos muy pocos. Después vimos que, durante los días de construcción, la gente no paraba de trabajar ni para comer y entonces decidimos hacer una olla popular. Luego, no pudimos dar marcha atrás porque los gurises necesitan comer. Así se abrió el primer comedor en el barrio Antártida Argentina.

¿Cuál es la realidad de los barrios en los que trabajan?

La realidad de los barrios en los que trabajamos son sectores de alta vulnerabilidad. Pero la comida es también una excusa para juntarnos con la gente del barrio. Es a través del plato de comida que logramos tener esa hermandad que hoy tenemos. Tienen muchas necesidades de vivienda, salud, educación. A través de esos indicadores es que vimos la necesidad de brindar apoyo escolar, para que los chicos sigan escolarizados y poder tener un seguimiento, un refuerzo de la escuela.

¿Cuáles son las actividades que llevan a cabo en los barrios?

Las actividades se hacen en tres barrios simultáneamente, tres veces por semana. Este año no hacemos alfabetización porque logramos escolarizar a 15 mamás que iban con nosotros. También, hacemos recorridos todas las noches para darle de comer a gente en situación de calle. La comida siempre es la excusa para encontrar al otro. La gente te espera a vos, espera el cómo estás, qué tal tu día, el abrazo. Nosotros comemos con la gente en la calle. Yo calculo que por eso la bienvenida que nos da la gente en la calle y en los barrios. No es que yo voy desde un lugar privilegiado a ayudar al otro, sino de igual a igual, para hacer sentir al otro que no está solo.

¿Quiénes integran la Fundación? ¿Mayoritariamente de qué edades?

Hay de todas las edades, de 18 para arriba, hasta gente mayor que viene y cocina en las recorridas. Hay una organización previa. No sale toda la gente todos los días. Hay grupos ya organizados. En los barrios también. Hay una señora y su marido que vinieron a acompañar a su hija y ahora está la familia completa trabajando en Suma. Con el tema de apoyo escolar, tenemos mucho estudiantado. En las reuniones con los estudiantes hacemos hincapié en por qué ellos empezaron a estudiar. Se empieza a estudiar una carrera con el ideal de cambiar muchas cosas, pero después con el tiempo se olvida lo que soñó. Por eso, hay que reencontrarse con esa persona soñadora que empezó la facultad para cambiar la realidad. Se trabaja muy bien con todas las edades.

El problema que suelen tener las organizaciones con trabajo voluntario es que muchos abandonan con el tiempo a causa de otras obligaciones. ¿Les sucede eso?

Sí, pero en menor escala. Si bien es un voluntariado nosotros trabajamos los 365 días del año. Hay gente que sale en Navidad, las recorridas nocturnas no se suspenden ni tampoco el trabajo en los barrios. Hemos pasado navidades en la plaza. Se trabaja desde el compromiso porque nosotros decidimos meternos en la vida de otros, nosotros les dijimos que a pesar de haber tocado fondo tienen que seguir soñando, viendo el camino. No podemos ser los que dimos el primer paso y luego abandonar. Sí hay personas que han dejado porque la verdad que es una exigencia, pero por suerte son los menos. Es entendible porque a veces es difícil sostenerlo en el tiempo. Pero siempre decimos: las actividades se hacen, se tienen que cumplir porque la gente nos espera.

Un padrino para cada niño

La campaña del regalo navideño es una de las más exitosas de Suma de Voluntades. Sus propios organizadores se sorprenden del éxito que viene teniendo.

En ella, se invita a los chicos de los barrios en los que trabajan que escriban una carta pidiendo un regalo, el que sea. Luego, en la página web de la institución se publica la foto del niño o niña y el regalo con el que sueña. Luego, se presenta un voluntario, un padrino, que se ofrece a regalárselo.

“No fue sencillo, porque muchos coincidieron en marcar que eso no era posible, que no existía, porque nunca lograban recibir aquello que tanto deseaban”, recordó Silvina.

Fue entonces cuando las voluntarias decidieron revertir tamaña decepción apelando a quienes pueden contribuir. Fue así como iniciaron la campaña para encontrar padrinos dispuestos a convertirse en Papá Noel.

“Fue impresionante la respuesta y tuvimos más padrinos que niños a los que apadrinar. Cada uno recibió aquello que había pedido y fue muy emocionante ver a esos niños y adolescentes concretando sueños y muchos padres llorando ante la emoción de que sus hijos pudieran vivir una Navidad como la de cientos de pequeños”, rememoró.

“Las cartas fueron conmovedoras y los padrinos le pusieron mucho amor a cada regalo, que lo compraron con el mismo esmero que pusieron para sus propios hijos”, destacó.

“El regalo fue la excusa para encontrarnos; esa Navidad de 2015 fue mágica y fue gracias a cada uno de los padrinos que se sumaron a regalar esperanza, a poner nombre y apellido a ese niño que de a poco fue perdiendo la ilusión de creer en aquello que no ve”.

“Este (por la Navidad pasada) es el tercer año consecutivo que hicimos la campaña. La verdad que esta campaña te renueva las esperanzas. Ese espíritu solidario se tiene todo el año porque nosotros preparamos 1.000 platos de comida por mes gracias a la gente. En Navidad le hacemos hacer a cada niño una cartita pidiendo el regalo que desee. Todos los años buscamos un padrino para cada carta. Es increíble la solidaridad de la gente. En la última Navidad, logramos padrinos para 997 chicos”, describió Anabella.

¿Ninguno de los chicos quedó sin regalos?

No y, es más, quedaron padrinos en espera. Llegaron juguetes de Ushuaia, Mendoza, Córdoba, San Luis, del interior de Entre Ríos. Emociona mucho la campaña de Navidad. Porque tiene que ver con los sueños. Puede sonar cursi, pero es enseñar a soñar. La idea es ponerte los zapatos de los otros. Cuando pasás hambre, frío, no podés dormir por los tiros en el barrio, todo eso deja muchas huellas. Y la persona deja de soñar. Con esa campaña empezaron a soñar y a creer en el otro.

Quienes quieran colaborar con la Fundación Suma de Voluntades o deseen más información puede concurrir a su sede en Libertad 272, de 9.30 a 12.30 y de 17 a 21.

Por las calles

Todas las noches hacen un periplo por la ciudad llevando comida a quienes viven en la calle. Desde la Plaza Alberdi, pasan por la zona de la terminal y también se llegan hasta el Parque Urquiza. Distribuyen alrededor de 1.000 raciones de comida por semana y para ello cuentan con la generosidad y la colaboración de mucha gente.

“Tenemos niños de diferentes escuelas que cocinan para la gente en situación de calle. Es un trabajo articulado. Nosotros hacemos 1.000 platos de comida por semana. Hacemos salidas nocturnas todos los días y tenemos tres comedores de niños, se da copa de leche, apoyo escolar, alfabetización. Todo se sostiene con donaciones. La gente es muy generosa. Nos quedamos sin leche y publicamos el pedido y aparecen toneladas de leche. Tenemos donaciones de empleados de AFIP, del Club de Leones. Los viernes cocinan en la cárcel, hay una familia que cocina con todos sus hijos un día”, subrayó.

Por eso, no dudó en afirmar: “Nuestra principal riqueza es la calidad de los voluntarios y el aporte de la gente”.

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